viernes, 17 de agosto de 2012

Nuevo discurso para un gabinete viejo


El discurso de toma de posesión de Danilo Medina como Presidente de la República pronunciado este 16 de agosto de 2012 puede considerarse como de gran aspiración de cambios, pero que minutos después quedó opacada por la integración de un gabinete con la más elocuente demostración de que todo seguirá igual.
La primera oportunidad que tuvo Medina de demostrar que iniciaba un gobierno de “cambio seguro” ha quedado trastocada por un álbum de postalitas repetidas de funcionarios que tienen años en sus puestos sin que puedan señalar una sola acción digna de ser considera un servicio a su país o una innovación para América Latina.
Si Medina cumple la promesa de apoyar realmente a la micro y pequeña empresa con mayores facilidades para establecerse y fondos de financiamiento blando, puede lograr una dinámica de negocios que cambie parte del panorama actual de ese sector que está estrangulado por los impuestos y sometido a costos de producción, dificultades de infraestructura y servicios, que no les han permitido despegar.
Lo que promete el nuevo gobernante para el campo parece una panacea: titulación y financiamiento productivo con mejora de infraestructura. Si ese apoyo llegara al campo, la esperanza reverdecería y la vida rural se transformaría vertiginosamente. Esperemos que del dicho al hecho el trecho no sea inconmensurable.
Al comprometerse a dar un sólido apoyo a la educación y erradicar el analfabetismo en solo dos años, Medina ha puesto una prueba para su eficacia que muy pronto podrá evaluarse.
El abordaje al tema de la corrupción ha sido puesto en futuro, pues anuncia la creación de nuevos instrumentos para evitar que los funcionarios se apropien de los bienes públicos, pero no dijo una sola palabra sobre los que ya se hicieron ricos y cada día enrostran opulentamente esos recursos a una población hambrienta, carente de fuentes de trabajo y de oportunidades de progreso en sentido general. A algunos de esos los confirmó en el gabinete.
El hecho de que Medina repitiera en sus cargos hasta ahora a ocho ministros, algunos señalados como padrinos de cientos de asalariados que no rinden ninguna función al Estado, como el del Ministerio de Relaciones Exteriores, y otros que tienen ocho años en sus funciones, indica que al nuevo mandatario le será muy difícil lograr la sintonía entre su discurso y una práctica nueva.
Aunque no se trata de nada que tenga la mayor importancia, los nombramientos en el ámbito militar y policial denotan la falta de nuevos enfoques: repite a un ministro de Defensa que ya sirvió al gobierno de Leonel Fernández sin que su paso por el Ministerio constituyera un hito, y en la Policía Nacional confirma al mismo jefe que no ha podido detener los intercambios de disparos con muertes de un solo lado, los crímenes crecientes contra mujeres por sus parejas o ex parejas y la corrupción y extorsión de todo tipo en los mandos medios y bajos del cuerpo del orden.
Medina merece que se le deje gobernar y desplegar sus energías, pero en las primeras horas de su ejercicio vino con algunas ideas nuevas para mandar, pero prefiere seguir arando con los mismos viejos bueyes de los que la gente se cansó porque no levantaron ninguna ilusión en un pueblo que ha perdido la esperanza en sus políticos.
Ojalá que perduren en él las virtudes que este jueves dijo que aun le acompañan: la humildad y el espíritu de servicio al pueblo. Si las conserva, no ganamos; si las deja atrás, perdemos todos.
Si permite que lo idolatren como un ser superior y no que lo respeten como un dirigente responsable que trabaja para su pueblo, pobre de este país.
Eso lo veremos en los próximos días y no hay dudas de que como se comporte frente a los traficantes de influencia y vividores de los bienes públicos a cambio de adulonería, dará la tónica de cómo terminará su período de cuatro años.
Una buena dosis de optimismo sin una proporción similar de dudas y suspicacias, carece de objetividad en un país donde los políticos que ayer fueron ateos y discípulos de un ateo, al paso por el poder se han vuelto cristianos y se encomiendan a su dios para que los guíe. ¡Alabado sea el tiempo!

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